“Signo y presencia”, Francisco Muñoz Soler

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Por Wilkins Román Samot

Francisco Muñoz Soler, poeta malagueño nacido en 1957, nos entrega en su poemario “Signo y presencia”(2024) una profunda reflexión sobre la vida, la muerte, el deseo y la búsqueda de sentido. Con una trayectoria que abarca más de treinta publicaciones y traducciones a trece idiomas, Muñoz Soler se consolida como una voz poética relevante, explorando las complejidades de la existencia a través de un lenguaje evocador y simbólico. Su experiencia como organizador de ciclos poéticos en Málaga y su participación en eventos literarios internacionales enriquecen su perspectiva y se reflejan en la universalidad de sus temas. El poemario se presenta como un viaje introspectivo, donde el poeta confronta la finitud, celebra la belleza del mundo y se interroga sobre el papel del ser humano en el universo.

La obra de Muñoz Soler se construye sobre la base de una mirada sensible y crítica hacia la realidad. En “Signo y presencia”, el autor no se limita a contemplar el mundo, sino que lo cuestiona, lo analiza y lo transforma a través de la palabra. Sus versos son un llamado a la reflexión, una invitación a explorar las profundidades del alma humana y a encontrar la belleza en medio del caos. El poemario se convierte en un espacio de encuentro entre el poeta y el lector, donde ambos comparten la búsqueda de respuestas y la celebración de la vida. A través de imágenes potentes y metáforas sugerentes, Muñoz Soler nos invita a sumergirnos en un universo poético donde la palabra se convierte en herramienta de conocimiento y transformación.

El poemario inicia con ”Buscar con arrojo”, una declaración de intenciones donde el poeta explicita su compromiso con la exploración del lenguaje y la búsqueda de significado en lo inefable. Le sigue “Tener un propósito”, un poema que invoca la necesidad de dar forma a lo intangible para combatir la negatividad y construir un mundo donde el silencio hable. En “Desplegar las alas como un pájaro llamado nosotros”, Muñoz Soler nos invita a superar la adversidad con la belleza de la transparencia y la sencillez. “Hacerse preguntas para recorrer espacios que contienen pensamientos propios” reflexiona sobre la relación entre el ser humano y la naturaleza, instándonos a amar la vida con sencillez. El deseo, tema recurrente en la obra del autor, se manifiesta en el poema homónimo como una fuerza transformadora que desordena los cimientos y consume al ser.

“Horizonte de sucesos” nos sumerge en la frontera de la comprensión, donde la esencia física desaparece y la mente se abre a lo intangible. El poeta se encuentra en la orilla de su playa, contemplando la inmensidad del mar y la fragilidad de la existencia. La muerte, otro tema central en el poemario, se aborda con crudeza y sensibilidad en “Hay quien cree que la muerte se puede reparar”. El autor confronta la pérdida de su madre y la imposibilidad de reparar el vacío que deja su ausencia. En “Gracias por darme la vida”, el poeta expresa su amor y gratitud hacia su madre, sintiendo la tranquilidad de saber que sus cenizas descansan cerca de él. La frustración de no poder escuchar las voces de los difuntos se manifiesta en “Los humanos siempre hemos sentido la frustración”, donde el poeta valora la grabación de una frase de su madre como un tesoro invaluable.

“La luz de quienes nos dejaron físicamente” celebra la presencia espiritual de los seres queridos que alumbran nuestros caminos. “Inasible vacío del que sólo nos podemos refugiar en la memoria” explora la sensación de pérdida intensificada por la cercanía del cementerio, un lugar que evoca la fugacidad de la vida. La fragilidad de la existencia se pone de manifiesto en ”Como si fuese el último”, donde el poeta, tras sufrir un golpe, decide disfrutar cada instante como si fuera el último. En “Cuanto mayor me hago, con más ahínco disuelvo mi ansía de huida”, el autor reflexiona sobre la búsqueda de un lugar de refugio y la aceptación de la propia existencia.

El poema «Reivindico a los que nunca se rindieron” es un homenaje a los sobrevivientes del cáncer, a aquellos que mantuvieron la ilusión hasta el último suspiro. “Punto de fuga” nos plantea interrogantes sobre la identidad y la energía que nos constituye, buscando un punto de calma en el desasosiego. El cierre de la segunda sección, “Y soñar el nuevo día”, es una invitación a la esperanza y a la construcción de una realidad que fluya en la dimensión de la poética. La tercera sección inicia con “Las máscaras que cargo”, una reflexión sobre la memoria y la identidad, cuestionando la autenticidad de las experiencias pasadas.

En “Encontrar el paraíso en la derrota”, el poeta nos invita a buscar la luz en la oscuridad, a despojarnos de las máscaras interiores y a encontrar el paraíso en la aceptación de la derrota. “Siendo testigo del desastre” nos sumerge en un escenario de naufragio, donde el autor, armado con un cuchillo, busca el secreto que explique el dolor y la soledad. “Encontrarse en la quietud exacta de lo que somos, en la contemplación” propone la búsqueda del sosiego en un mundo acelerado y superficial. La quietud y el silencio toman cuerpo en “La quietud, el silencio, toma cuerpo en la casa”, un poema que celebra la armonía del hogar y la compañía de los seres queridos.

“La mar violeta añora el nacimiento de los dioses ya que nacer es aquí una fiesta innombrable” es un homenaje a José Lezama Lima y a la ciudad de La Habana, donde el poeta rememora un encuentro poético. “Nada nos describe mejor” reflexiona sobre la espera de un paciente terminal y la importancia de disfrutar los pequeños placeres de la vida. La cuarta sección se abre con “Ética en tiempos oscuros”, una reflexión sobre la encrucijada en la que se encuentra la humanidad y la necesidad de fluir en armonía con la naturaleza. “Su canto señala siempre hacia la vida” es un homenaje a Julia Uceda, una poeta transparente y honesta que da luz y sentido a la existencia.

“Canción humana” es un poema extenso que explora la complejidad del mundo contemporáneo, desde la fascinación por la tecnología hasta la desesperanza de la soledad. En “En un mundo que está mudando su piel”, el poeta analiza la turbulencia actual y la necesidad de hallar un punto de equilibrio. “Mirarse en el espejo de un extraño” nos invita a la compasión y a la búsqueda de un mundo más humano. “Escuchar otra lengua en días oscuros” reflexiona sobre la violencia del desarraigo y la importancia de mantener viva la esperanza. “Ínsula de prosperidad” retrata la desilusión de los inmigrantes italianos en Buenos Aires, quienes buscaban un futuro mejor y se encontraron con la miseria.

“Inusual” es una reflexión sobre el envejecimiento de la sociedad y el absurdo de la xenofobia, a partir de la imagen de unas niñas saliendo de la escuela. “Río San Juan” nos transporta a Guatemala, donde el poeta observa un ritual maya de purificación y reflexiona sobre la pobreza y la belleza del país. “Porque no es humano ser sombra sin vida” es un llamado a la acción contra la injusticia y la opresión, inspirándose en la obra de Julia Uceda. “Bajo un cielo amargo” describe un paisaje desolado y la presencia de la muerte, mientras que “Me vive un sueño, en este pozo hondísimo” explora la sensación de exilio y la búsqueda de un lugar donde la opresión no exista.

El poema «En el precipicio estamos” es una advertencia sobre la amenaza de la destrucción y la necesidad de contener la yerma inundación. “Bajeza moral” critica el anacronismo del derecho de sangre y la persistencia de privilegios injustificados. La quinta sección se inicia con “El arte de la guerra incendia la noche”, una reflexión sobre la violencia y la destrucción que se propagan en el mundo, inspirada en la obra de Denise Levertov. “Cantó el fuego” describe el horror de la guerra y la indiferencia del mundo ante el sufrimiento.

“Con alas blancas y frías” es una imagen poderosa de la muerte que planea sobre el mundo, mientras los noticieros informan con voz neutra sobre la tragedia. “Encontrar un atisbo de luz para entender ese dolor” busca la ternura en la tragedia y la dignidad en las cenizas de los inocentes. “Clemencia” es un llamado a la compasión y al diálogo como caminos hacia la convivencia pacífica. La sexta sección se abre con “Reconoce esta tierra que te ha cuidado”, una invocación a la conexión con la naturaleza y al cuidado del planeta, inspirada en la obra de Joy Harjo.

“No eres dueño de nada” es una reflexión sobre la arrogancia humana y la necesidad de escuchar los susurros de la naturaleza, inspirada en la obra de Margaret Atwood. “Como un mar transparente de luz” describe una experiencia mística de conexión con lo divino, inspirada en la obra de Lasse Söderberg. “Tardes de diciembre en Malasia” retrata la belleza de la naturaleza en un contexto de cambio y destrucción. “Un andaluz de mar en tierras de Jaén” celebra el encuentro con la esencia de la propia identidad en un viaje por la tierra natal.

“Eubea” describe la belleza y la destrucción de la isla griega, reflexionando sobre la capacidad humana para modificar el clima y jugar a ser dioses. “Canta golpeando la raíz de los significados” es una oda al canto del grillo como fuente de inspiración y creación de mundos habitables, inspirada en la obra de Marie Oliver. “Estruendo” describe la desaparición de los glaciares y la destrucción del planeta. La séptima y última sección se centra en la reivindicación de la mujer y su derecho a la vida.

“Mi vida es un derecho innegociable” es una declaración de principios sobre la libertad y la autonomía de la mujer, inspirada en la obra de Marge Pierce. “El deseo de ser yo misma” celebra la fuerza interior de la mujer y su derecho a elegir su propio destino, inspirada en la obra de Diane di Prima. “Sus deseos, desvaríos propios de su género” denuncia la opresión que sufren las mujeres y su lucha por ser ellas mismas, inspirada en la obra de Edna St. Vicent. “Sintiendo el temblor de las cavernas bajo el asfalto” explora la complejidad del deseo femenino y la necesidad de liberarse de los miedos, inspirada en la obra de Adrienne Rich.

“Quien nombra las cosas” reflexiona sobre el poder del lenguaje para construir patrones de derechos y la importancia de soñar para transformar la realidad, inspirada en la obra de Mary Norbert Korte. “Celebro el río más antiguo de la humanidad” reivindica el cuerpo de la mujer negra y su derecho a la vida, inspirada en la obra de Lucille Clifton. “Una mujer con pensamiento crítico, es un peligro” denuncia la opresión que sufren las mujeres con pensamiento crítico y su lucha por la libertad, inspirada en la obra de Carolyn Kizer. “Sobre la tumba de sus sueños” describe la atonía y la opresión que sufren muchas mujeres y la necesidad de luchar por sus sueños, inspirada en la obra de Maya Angelou.

“Cansada de tener el alma en una jaula” reflexiona sobre el papel de la mujer como ama de casa y su necesidad de liberarse de las imposiciones sociales, inspirada en la obra de Anne Sexton. “Conduzco por el camino elegido” celebra la fortaleza y la fragilidad de la mujer, su capacidad para amar y su determinación para seguir su propio camino, inspirada en la obra de Hettie Jones. “Debió ser nominado al Pulitzer” es una reflexión irónica sobre la fotografía y la memoria de los chicos talentosos, inspirada en la obra de Joanne Kyger. “Sin rostro, sin mirada, sólo cuerpo” denuncia la violencia y la humillación que sufren las mujeres en la guerra, inspirada en la obra de Margaret Atwood.

“Latido íntimo de ser alba” celebra la identidad femenina y su capacidad para inspirar y crear, inspirada en la obra de Erica Jong. “Acaso habré nacido con el nudo alrededor del cuello, a modo de brida?” explora la angustia y la opresión que siente la mujer, su lucha por encontrar su propio ritmo y su necesidad de liberarse de las ataduras, inspirada en la obra de Denise Levertov. El poemario concluye con “Sí, di sus nombres”, una elegía a las mujeres asesinadas y una invocación a la memoria y la justicia, inspirada en la obra de Robin Morgan.

En conclusión, Signo y presencia es un poemario de profunda reflexión y gran sensibilidad, donde Francisco Muñoz Soler explora los temas universales de la vida, la muerte, el deseo y la búsqueda de sentido. A través de un lenguaje evocador y simbólico, el autor nos invita a un viaje introspectivo por las profundidades del alma humana, donde confrontamos la finitud, celebramos la belleza del mundo y nos interrogamos sobre el papel del ser humano en el universo. La obra de Muñoz Soler se consolida como una voz poética relevante, que nos invita a la reflexión y a la transformación personal.

El poemario se distingue por su capacidad para conectar con el lector a través de la sinceridad y la autenticidad de su voz. Muñoz Soler no se limita a expresar sus propios sentimientos y experiencias, sino que los convierte en un espejo donde el lector puede reflejarse y encontrar sus propias respuestas. La universalidad de los temas abordados y la riqueza de las imágenes utilizadas hacen de “Signo y presencia”una obra accesible y conmovedora, que invita a la lectura y a la reflexión. La poesía de Muñoz Soler es un bálsamo para el alma, una invitación a la esperanza y a la celebración de la vida.

En definitiva, Signo y presencia es un poemario imprescindible para aquellos que buscan en la poesía un espacio de encuentro, reflexión y transformación. La obra de Francisco Muñoz Soler es una valiosa contribución a la literatura contemporánea, que nos invita a conectar con nuestra humanidad y a construir un mundo más justo y compasivo. Su poesía es un faro en la oscuridad, una guía para encontrar el camino hacia la luz y la esperanza.

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FRANCISCO MUÑOZ SOLER

Poeta español con una amplia obra publicada en países como España, Portugal, Italia, México, Suecia, Estados Unidos, India, Cuba, Turquía, Perú, El Salvador, Venezuela, Honduras, ha sido traducido al inglés, sueco, francés, portugués, italiano, ruso, turco, árabe, griego, rumano, macedonio, uzbeko, búlgaro, asamés, bengalí y chino.

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